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El emotivo entierro de la reina Elena, tía de doña Sofía, en Rumanía

22.10.2019
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Elena de Rumanía ha tenido que esperar siete décadas para poder volver a su patria. Este fin de semana se celebró el entierro de la esposa del rey Carlos II, fallecida el 28 de noviembre de 1982, en la Catedral de Curtea de Arges, en la región rumana de Valaquia, en una ceremonia con todos los honores y con la presencia de representantes de las casas reales de Italia y Gran Bretaña.

Para ser más exactos, Elena ha tenido que esperar setenta y dos largos años para poder hacer su último viaje. Nacida princesa de Grecia y Dinamarca y tía carnal de doña Sofía, la reina madre rumana abandonó Bucarest con su hijo, el entonces rey Miguel, en el año 1947, huyendo del auge del comunismo de Petru Groza. Nunca más volvió.

Falleció en el exilio, en 1982, siete años antes de que cayera el Muro de Berlín y quince antes de que el gobierno rumano autorizara a la familia real a regresar a su hogar. Este fin de semana, finalmente, sus restos mortales fueron repatriados en un avión de la Fuera Aérea Rumana desde el cementerio de Boix-de-Vaux, en Suiza, hasta Bucarest. 

A pie de pista la esperaba su nieta, Margarita, jefa de la casa real y "Guardiana de la Corona Rumuna". Desde allí fue trasladada al monasterio de Curtea de Arges, donde se celebró una emotiva misa. Entre los presentes se encontraban el duque Amadeo de Saboya-Aosta, sobrino de la reina madre, y su esposa, la princesa Mafalda; y Lord Peter Rosslyn, jefe de la casa del Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornualles. Elena estaba emparentada con todas las casas reales europeas, incluida la británica a través del duque de Edimburgo, que también es príncipe de Grecia y Dinamarca por nacimiento.

En 1917, con veinte años, Elena saboreó la amargura de su primer gran exilio. En plena Primera Guerra Mundial, su padre, el Rey Constantino I de Grecia, se negó a apoyar a los Aliados en la contienda, lo que terminó costándole el trono. Instalada en Suiza, la entonces princesa conoció al príncipe heredero Carlos de Rumanía, primo segundo suyo. La pareja se casó en 1921 y tuvo un hijo, el futuro rey Miguel

La felicidad del matrimonio duró muy poco. En 1925, Carlos renunció a sus derechos al trono rumano y se fue del país para vivir una historia de amor, mientras Elena se quedó en palacio cuidando de su hijo. En 1930, su exmarido volvió, y ella tuvo que soportar el reinado de Carlos durante una década. 

Elena fue un gran apoyo para su hijo Miguel durante su difícil época en el trono, que coincidió con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la expansión nazi, el fin de numerosas monarquías en Europa y el auge del comunismo. Durante el conflicto bélico permaneció en Bucarest junto a su hijo y ayudó a muchos judíos a huir del nazismo. Intervino personalmente para detener una deportación masiva a los campos de exterminio. En 1993, Israel la reconoció como Justa entre las Naciones por su valentía y heroicidad. 

El fin de semana, coincidiendo con su repatriación y entierro, el presidente israelí Reuven Rivlin recordó el coraje de la reina rumana en una carta dirigida a la princesa Margarita. "Tales actos nobles, como los de la difunta reina Elena, arrojan un rayo de luz a través de los oscuros años del Holocausto", reconoció Rivlin en su misiva. Ahora, la reina justa descansa en paz. 

 

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